Entra a formar parte de la Congregación en el último año de generalato del gigante Étienne, tenía en ese tiempo unos 18 años, pues nació en Samain (Cambrai) en 1855. Trabaja como profesor de Filosofía en Orán, como rector de Solesmes y del seminario mayor de Cambrai. En 1903 es nombrado Procurador general por lo que visita varias provincias en nombre de Fiat. En 1914 es elegido Superior general a sus 59 años.
A su elección goza de buena salud, pero muere en el Berceau a los 27 meses de ser elegido, el 7 de noviembre de 1916, deja huérfana a la “pequeña compañía” en plena guerra mundial.
Contexto histórico y social
Villete tuvo la mala suerte de gobernar durante los dos primeros años de la Primera Guerra Mundial que comenzó el 28 de julio de 1914 después del terrible asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria e[]l 28 de junio de 1914, este hecho fue la gota que colmó el vaso de una tensión imperialista que se estaba cocinado desde décadas.
Dos bandos enfrentados, mitad del mundo contra la otra mitad reflejado en dos grandes alianzas: la de los Aliados, cuyo núcleo lo componía la Triple Entente, formada por el Reino Unido, Francia y el Imperio Ruso; y la de las Potencias Centrales: el Imperio alemán y Austria-Hungría. En el avance bélico se fueron uniendo otras naciones o potencias a los dos bloques nombrados, formando un conflicto internacional con intereses políticos y económicos de por medio.
Cuatro años de terror se desenvolvieron en todo el mundo y grandes cambios se produjeron a su fin, sobre todo en la creación de la Sociedad de Naciones para evitar otro gran enfrentamiento mundial, sin embargo, las fuertes presiones y tensiones (nacionalismos, fascismos…) creadas, desembocaron, dos décadas después, en la II Guerra mundial, que también fue un duro golpe para el ámbito mundial y, como no, para la Congregación misionera de san Vicente de Paúl.
Contexto de la Congregación de la Misión
Al comienzo de la I guerra mundial la CM contaba con alrededor 3667 miembros, a pesar de las duras represiones bélicas no frenó su celo misionero de trabajo en tierras donde la pobreza existía en su manifestación más bárbara.
Característica de esta época es la creciente dedicación de los misioneros a otras obras de apostolado iniciadas en la época anterior y singularmente a las parroquias y centros de enseñanza. Las parroquias proliferan sobre todo en las Provincias de América Latina; los segundos, en las Provincias de lengua inglesa: Irlanda y USA, donde algunos de ellos son universidades de importancia, pero también en otros, como España.
También para la Congregación fue ese periodo la edad de oro de las misiones. El esfuerzo desplegado en la empresa misionera durante esos años por la Comunidad misionera fue enorme. Casi puede decirse que superó a sus fuerzas. Y lo nuevo del caso fue que participaron en él todas las Provincias capaces de sustraer efectivos, muchas veces los mejores, de personal y de medios a las obras apostólicas en la provincia de origen.
A los territorios de misión ya tradicionales de la Congregación: China, el Medio Oriente con Abisinia, Madagascar, que también se vieron reforzados, se añadieron otros nuevos que acabaron por dar dimensiones mundiales a la Congregación como es Latinoamérica.
Logros y preocupaciones
La casa madre se quedó prácticamente vacía debido a la dispersión de los misioneros, de hecho, él mismo no se encontraba allí y murió en la tierra natal del Fundador.
Por eso, entre otros sucesos, su gran preocupación fue mantener la unidad y la comunicación de toda la comunidad vicenciana, en un tiempo difícil para todo el mundo.
Siguió impulsando las causas de beatificación y canonización tanto de misioneros (Justino de Jacobis, Francisco, Gruyer y Pedro Renato Rogué) como de Hijas de la Caridad (Luisa de Marillac, Catalia Labouré y las Mártires de Arras).








