
La Revolución Francesa dejó también sucesos terribles donde hijos e hijas de san Vicente dieron su vida hasta el extremo por amor a Dios en el prójimo. Por lo que, la providencia, sirviéndose de los entresijos históricos, hizo que un misionero procedente de la diócesis de Arras fuese elegido como superior general.
En el año de su elección era un hombre anciano de 68 años, el cual se encontraba realizando su trabajo pastoral en el seminario de Amiens cuando le sorprendió que el nuevo monarca francés, Carlos X; después de presionar al Papa; pusiese su confianza en él para reestablecer la Congregación de la Misión en la cansada Francia. Anteriormente trabajó en Versalles, Amiens (misiones), Chartres y Saint-Brieuc, como profesor de Filosofía y Teología. Durante la Revolución logró escapar a Alemania. A su vuelta se integró en la diócesis de Arras, donde se dedicó a las misiones y fue párroco de Saint Leu. Funda los colegios de Montdidier y Roye.
Era un 23 de octubre de 1828 cuando fallecía, inesperadamente, el P. De Wailly, el Superior general que menos tiempo ha estado al frente de la Congregación.
Contexto histórico y social
Francia había vuelto a la monarquía borbónica después del intento imperial de Napoleón Bonaparte que cayó en 1815. Después de la muerte de Luis XVIII, su hijo, conocido como Carlos X, fue el que reino hasta su destitución revolucionaria de julio de 1830.
A pesar de su talante conservador y del restablecimiento de la Iglesia Católica, en este periodo se aceptaron algunas realidades de 1789 como la monarquía constitucional, el parlamentarismo, la redistribución de la tierra realizada durante las convulsiones de fin del siglo XVIII y la desaparición de los antiguos gremios artesanales.
Además, se produjo una gran transformación de la vida política y social francesa. Pues los sectores monárquicos buscan liquidar todo rastro de la Revolución Francesa, por otro lado, la burguesía trata de superar un período de catástrofes, intentando reelaborar un programa político y económico donde se recuperen algunos elementos de la revolución que le sean útiles.
Contexto de la Congregación de la Misión
Tanto la restauración napoleónica como la borbónica habían sido un fracaso, porque ni una ni otra habían logrado restablecer la unidad de gobierno en la Congregación.
La unidad era una aspiración común a todos los misioneros. El camino normal para lograrla hubiera sido una Asamblea General, sin embargo, la resistencia nacionalista entre franceses e italianos lo impedía. En tales circunstancias, la única solución era que la Santa Sede nombrara un Superior General.
Logros y preocupaciones
De Wailly tuvo la gran responsabilidad de devolver el prestigio perdido de la Congregación en Francia, para ello, siguió una línea doctrinal y de vuelta al pasado. Él mismo lo comentaba: “Sobre todo, alejémonos de novedades en cuestiones de doctrina”[1].
Su generalato, aunque notablemente corto, consiguió poner las bases organizativas e institucionales en el país galo, el resultado: 14 casas abiertas repartidas en 4 Provincias. Esto hizo posible el retorno al régimen normal y la celebración de una Asamblea General para elegir a su sucesor.
[1] Circular del Superior general P. J. De Wailly, fechada el 6 de julio de 1827. Cf. Circulaires des Supérieurs… T. II, p. 415.








