
Buenaventura Codina y Augerolas nació el 3 de junio de 1785 en Hostalrich, provincia de Gerona, (España).
Ingresó en la Congregación de la Misión de San Vicente de Paúl en 1828.
Llegó a ser Visitador, de la Congregación de la Misión en España en el año 1841.
Propuesto por el gobierno de la reina Isabel II como obispo de Canarias, se dirigió a Las Palmas de Gran Canaria, capital de su nueva diócesis, el 4 de marzo de 1848.
El ministerio episcopal del obispo Codina aconteció en el difícil siglo XIX, cuando la Iglesia española estaba sometida a una tormentosa época de dificultades. El 24 de julio de 1834, tiene que hacer frente al estallido de las tristemente famosas “ejecuciones” de miembros de la Iglesia.
Sacerdote de la Congregación de la Misión: La labor del P. Buenaventura se proyecta en la consolidación del “edificio” de la Congregación de la Misión en España: Nada más incorporarse a la Comunidad de Badajoz en 1828, se convierte en la mano derecha de los superiores. Durante el siglo XIX se atraviesa por momentos delicados en las relaciones Iglesia-Estado, a lo que se añaden los graves problemas sociales del país. En este entorno adverso, la figura del Obispo Codina se muestra firme y serena, exponiendo incluso su propia vida, debido a la persecución y sacrificio de sus hermanos. Así comenzó un peligroso éxodo para los misioneros paúles, que huían del fanatismo de las masas. Codina supo guiar a sus compañeros con prudencia y sabiduría.
Su labor de asistencia a las Hijas de la Caridad: La Asamblea Constituyente de 1854 elaboró un proyecto de secularización de la asistencia nacional. Como obispo de las Islas Canarias, presentó una declaración a la Asamblea en la que expresó su admiración por la labor de las Hijas de la Caridad para constatar su trabajo en favor de los pobres y enfermos.
Su extraordinario talento como Pastor. Su preocupación por el Clero: A su llegada a la Diócesis, encontró un Seminario en un estado deplorable. Codina nombró a D. Pedro González como Rector del Seminario y con él supervisó personalmente el nuevo plan de formación académica y espiritual de los alumnos. Al final de su episcopado confió la dirección del Seminario a los jesuitas. El Cabildo de la Catedral se encontraba en el mismo estado de postración y casi de extinción. El obispo, gracias a su compromiso personal también con las autoridades, consiguió reconstruir el Cabildo.
- Su dimensión misionera: Mons. Codina nunca dejó de pertenecer en cuerpo y alma a la Congregación de la Misión, de la que nunca quiso separarse.
- El carácter heroico de su vida: Cuando se declaró oficialmente la epidemia de cólera, el obispo nombró un consejo de 34 personas para hacer frente a esta dramática situación. Fue el primer benefactor y se entregó totalmente, de forma verdaderamente heroica.
Los últimos años de su vida los pasó en una noche oscura. Parece ser que el P. Etienne, Superior General de la Congregación, le notificó su expulsión de la comunidad por no dar cuenta de su nombramiento como obispo, y le recordó la triple renuncia que había hecho a su nombramiento y la orden de obediencia por la que el Papa le había obligado a aceptar su cargo. Estas amargas circunstancias provocaron, como escribe un cronista, “la vertical decadencia física del señor Obispo”.
Finalmente, un accidente en la parroquia de Tafira le provocó una hidropesía que le llevó a la muerte el 18 de noviembre de 1857.
Fuente: cmglobal.org








